sábado, 20 de marzo de 2010

Compatriotas, votemos por nosotros mismos: todos con Antanas

“La oportunidad es algo que la mayor parte de la gente pierde porque ella va vestida de overol y se parece al trabajo” - Thomas Alva Edioson (1847 - 1931), inventor estadounidense.


Nunca imaginé que fuera meterme con la política colombiana más que para criticar negativamente a sus representantes, pero aquí voy: en las próximas elecciones presidenciales, hay que salir a la calle para votar masivamente por Antanas Mockus.
La inteligencia, la decencia, la pedagogía ciudadana, la sensibilidad social y una admirable eficiencia y honradez en la administración de los recursos públicos son algunas de las virtudes que este descendiente de inmigrantes lituanos ha demostrado poseer.
Así como ha demostrado no padecer los peores vicios de nuestra clase política: el clientelismo, el caciquismo, el amiguismo, la corrupción, la prepotencia autoritaria y unas ansias desaforadas de llenarse los bolsillos a zarpas llenas.
Después de ocho años de abusivo uribismo, la presencia de Antanas en la Casa de Nariño sería como una brisa renovadora y refrescante, que contribuiría enormemente a purificar el aire viciado que se ha acumulado en el palacio presidencial durante casi una década.
Pero, sobre todo, la oportunidad de ver en acción a un personaje capaz de imprimirle un cambio fundamental a la administración pública colombiana, así como lo hizo con Santafé de Bogotá cuando fue su alcalde, dejando a la ciudad con un superhábit de recursos financieros tan cuantioso que permitió a su sucesor, Enrique Peñalosa, emprender las obras que transformaron tan positivamente la cara de esta urbe.
Antanas representa la posibilidad de que la política en nuestro país pase por fin del kindergarten a la primaria.
Y quizá, si tuviera la oportunidad de aprovechar la puerta abierta por la reelección para ejercer durante un doble periodo, hasta de alcanzar el bachillerato, porque uno de los énfasis de su gestión ha sido precisamente la de dejar en claro que la política no es, o no debe ser, un asunto de otros, sino de todos, de todos los colombianos, y que ésta no se limita a depositar un voto y "chao", hasta las próximas elecciones.
El hecho de que una de sus más marcadas desventajas para tener éxito en la contienda presidencial sea el de que “no tiene a las maquinarias a su favor” es, precisamente, la mejor evidencia a favor de su conveniencia como presidente. Y no hablo de lo que le convenga a él, sino a todos.
Porque, ¿para que nos han servido esas maquinarias a los colombianos?
Pues para ver cómo la política se convierte en una feria de contratos repartidos entre los amigos, en un vergonzoso instrumento de soborno y chantaje.
Hagámonos una pregunta: ¿a quien le temen más los corruptos que han vivido durante años ordeñando al país gracias a esas “maquinarias”?
Evidentemente, a Antanas. Él es una pesadilla para todos esos artistas del serrucho que pululan entre nuestra fauna política. Votando por Antanas, los colombianos estarían votando por primera vez por ellos mismos, y no por las maquinarias.
¿Volveremos a tener una oportunidad como ésta? Pero, ante todo, ¿La aprovecharemos? ¿Podremos derrotar a las maquinarias que ya zumban al rojo vivo para perpetuarse en el poder?
¡Es posible! Claro que sí. Por favor, ya basta de pensar que “no le voy a dar mi voto a alguien que no tenga detrás a estas maquinarias porque entonces sería un voto perdido”: ésta es precisamente la mejor arma que tienen las maquinarias a su favor.
No les hagamos el juego. En las próximas elecciones presidenciales: todos por Antanas. Pongámonos el uniforme de súperciudadanos.
Yo les recomiendo a todos esos votantes aquejados por sus despensas y neveras vacías que reciban el dinero que les van a ofrecer las maquinarias a cambio de su voto para hacer la compra del mes y luego marquen el tarjetón a favor de Antanas. Sería una justa zancadilla para quienes se la han pasado toda su vida haciéndonos zancadillas. Ya era hora.
Y a los que tienen despensa y nevera llenas o medio llenas, que venzan su apatía y su pereza: cada voto cuenta.
Por primera vez tenemos la oportunidad de votar no por el menos peor, sino por uno realmente bueno.

Punto aparte: Me parece cívicamente contraindicado referirse a la matanza de indigentes en Santa Marta como limpieza social, sin ponerle al menos unas vistosas comillas a esta expresión cuando se utiliza para titular una noticia de prensa. El asesinato no tiene nada de “limpio”. La vedadera "limpieza" sería capturar y condenar cuanto antes a los asesinos.

viernes, 12 de marzo de 2010

Escasez de huevos en la Región Caribe

"La mayor parte de los problemas provienen de las oportunidades perdidas. La otra cara de todo problema es una solución" - Mark Lakeman (1966- ), arquitecto ecoactivista.



 El 89% del presupuesto nacional lo maneja la Nación, mientras que a los departamentos solo les corresponde el 4%. Grave desequilibrio.

Y si se tiene en cuenta que el 20% del 89% que maneja la nación se destina a la guerra, el desequilibrio se hace aún más acentuado, no sólo para la Región Caribe sino para todo el país.
El ejemplo más escandaloso es que lo asignado del Producto Bruto Interno (PIB) a la “Defensa y Seguridad”, 14,2%, supera el de Educación, 13,9%.
El nefasto gobierno que aún tenemos le ha apostado a las balas y a los fusiles antes que a los maestros y escuelas o universidades, profundizando así las condiciones de miseria que a su vez son la causa de la violencia y de la ignorancia, en un círculo tan vicioso como macabro, que nos obliga a empeñar nuestro futuro a inmediato, mediano y largo plazo para financiar la guerra.
Los anglosajones tienen un dicho muy sabio como fórmula para desembrollar entuertos: Follow the  money, es decir: si quieres hallar a los culpables de cualquier canallada, sólo tienes que seguir la pista del dinero que hay en juego.
En este caso, siguiéndole la pista al dinero de nuestro presupuesto, vemos que éste no se esfuma, no. Simplemente es transferido a las arcas gringas, que a cambio de él nos envían sus armas obsoletas, los saldos sobrantes de su producción bélica.
La decisión de crear una Región Caribe con mayor autonomía será puesta en manos de los 6.400.000 habitantes habilitados para votar en esta región durante las elecciones para Cámara y Senado del domingo.
Es de esperarse una aceptación masiva a la propuesta, pero, una vez dado este paso, ¿qué nos espera a los habitantes de la región, votantes o no?
Mucho me temo que más de lo mismo: promesas incumplidas. Porque para que la propuesta se traduzca en acciones efectivas encaminadas a que la Región Caribe goce de una mayor autonomía no se necesita solamente el voto masivo a favor de esta iniciativa, sino un factor que brilla incandescentemente por su ausencia entre la clase dirigente de esta región: HUEVOS.
Es de esperarse también, entonces, que la mayor parte de nuestros representantes caribes ceda al encanto de los contratos graciosamente otorgados desde Bogotá, a las prebendas que favorezcan a sus firmas de ingeniería, a cambio de torpedear o ponerle zancadillas a la rueda del fortalecimiento regional. Ya veremos.



 Punto aparte: ¿Cuántos corones logran los narcotraficantes cuando a sus fiestas privadas asisten los coroneles de la patria?

martes, 9 de febrero de 2010

En el Día del Periodista: homenaje al colaborador silencioso

"¿La diferencia entre la escuela y la vida? En la escuela, te enseñan una lección y luego te hacen un examen. En la vida, te hacen un examen que te enseña una lección" - Tom Bodett (1955 - ), escritor estadounidense.





En este Día del Periodista: un homenaje a los colaboradores silenciosos que hasta hoy han resultado vitales para el periodismo tal como se ejerce en nuestro país. Es decir, a los conductores que trabajan para la redacción de los diarios y noticieros.

Y digo “hasta hoy”, porque mucho me temo factible que, tal como en otras partes del mundo, los responsables de las finanzas terminen por decidir que resulta más barato alquilar el transporte para sus reporteros que mantener para ellos una plantilla propia de conductores y una flotilla de vehículos.

Esto representaría una gran pérdida. Recuerdo más de un reportaje que nunca hubiera pordido hacer de no haber sido por la experiencia de algún conductor, y no me refiero sólo a su arrojo y pericia al volante, o su profundo conocimiento del mapa de la ciudad y sus atajos, sino a que, tras años de acompañar a los reporteros en sus labores diarias, estas personas llegan a desarrollar un sentido propio del ejercicio del oficio, y una visión cercana y profunda del mismo, que sencillamente es imposible adquirir en una universidad, por muchos títulos que se hayan obtenido.

De los tiempos en que yo era un recién egresado y tuve la oportunidad de comenzar a trabajar para este diario, recuerdo las inapreciables lecciones que sobre mi propia profesión me dio Pedro Acosta, quien ya había pasado 15 años llevando y trayendo periodistas de El Heraldo y antes había sido linotipista del ya dos veces desaparecido Diario del Caribe. Para entonces, Pedro tenía edad suficiente como para ser mi abuelo, y en ocasiones se portaba como tal.

A veces, mientras recorríamos las trochas y veredas de los asentamientos humanos más apartados del Departamento del Atlántico, cuyos municipios eran mi responsabilidad informativa por aquellos días, Pedro detenía el vehículo (una camioneta LUV de 4 puertas o un jeep Suzuki, por lo general), y me dirigía una mirada cargada de reproche, diciéndome: “ajá, huevoncito, ¿no vas a hacer la foto?”.

Entonces yo sabía que algo se me estaba escapando –algo que a Pedro le parecía importante–, y miraba a mi alrededor sin descubrir en el paisaje nada que me a mí me resultara noticiosamente interesante.

Ante mi despiste, ignorancia o simple falta de experiencia, él simulaba enfadarse conmigo y terminaba haciéndome ver que el cauce de un un arroyo estaba cegado ilegalmente por algún terrateniente de Repelón, impidiendo que el agua regara las parcelitas de un caserío vecino; que los niveles de alguna ciénaga de Piojó eran históricamente bajos, o muy altos para la temporada; que ya había comenzado la cosecha de ciruela en Campeche, o que se había retrasado ese año.

“Yo puedo manejar a través de todo el Departamento, desde Puerto Colombia hasta Campo de la Cruz, sólo por trochas y sin utilizar para nada ni una carretera”, podía presumir Pedro cuando yo regresaba al vehículo, después de hacer la foto de lo que él me había revelado.

Y era verdad que podía hacerlo, pero yo sabía que lo decía sólo para que le respondiera que yo no le creía ni una sola palabra (para decirlo aquí suavemente), cosa de iniciar una discusión en la que él me amenazaba con contarle “al Director” que yo era un fraude y un fracaso como periodista, y yo diciéndole a él que era un viejo gagá.

¿Por qué no pides de una vez la jubilación?, le preguntaba, a pesar de que ambos sabíamos perfectamente que el valor de su información y de su experiencia acababa de quedar, una vez más, sobradamente demostrado, y que había dejado entre mis manos la semilla de un nuevo reportaje.

Es disparatado, por motivos de espacio, mencionar por su nombre, apellido o apodo a cada uno de estos maestros que he tenido la suerte de conocer a lo largo de mi vida profesional en las miles de horas que he pasado sentado al lado de ellos en un vehículo o frente a una botella, y a todos les estoy profundamente agradecido.

Pedro Acosta es simplemente el mejor ejemplo que recuerdo de lo que intento expresar en este texto. Me enseñó más de mi ocupación actual que varios profesores universitarios, y ninguna universidad ni título me podría haber enseñado lo mismo que él.

Pienso que precisamente en estos tiempos, cuando las facultades de periodismo cierran sus puertas a profesionales con una experiencia que podría servir de mucho a sus alumnos por el hecho de que estos profesionales no tienen en su currículum un postgrado, resulta más que justo hacerles un homenaje a todos aqullos fieles colaboradores en este día, el Día del Periodista (9 de febrero y no 4 de agosto, como pretende Uribe), por el enorme aporte que a través de los años han hecho a este oficio, engradeciéndolo.





Sigue este blog en El Heraldo.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Carta abierta a Álvaro Uribe

Señor

Álvaro Uribe Vélez

Presidente de los colombianos,

La presente tiene ante todo como objeto transmitirle la inquietud que me produce advertir que en su plan de recompensas para universitarios delatores no se especifica por ninguna parte si los egresados o graduados de la educación superior colombiana tienen el mismo derecho a gozar de similares beneficios al convertirse en sapos.
También debo expresarle mi rotundo rechazo a que únicamente los estudiantes de las universidades de Medellín puedan beneficiarse de este batracio subsidio gubernamental.

Señor presidente, me temo que muchos compatriotas podrán tomarse esta esta injusta exclusión como un evidente síntoma de favorecimiento hacia sus coterráneos paisas, una muestra de regionalismo que el gobierno nacional no debería de ninguna manera fomentar.

Doctor Uribe, por otra parte, ¿no sería posible ofrecer un poco más de platica? Mire que con los 100.000 pesos que usted me ofrece para cada mes, traducidos a euros (yo vivo, actualmente, en Madrid), no voy a poder pagar ni siquiera un almuerzo para dos personas en La Rochela, el restaurante colombiano del barrio.

En cuanto a lo sustancioso de la información en mi poder, le adelanto que sólo recuerdo, por ese precio, a una estudiante que sospechosamente se vestía de rojo frecuentemente, a lo Chávez.

Conozco al menos otros dos compañeros de estudios de entonces que hicieron trampa para evadir el servicio militar y anunciaban su voto por Navarro Wolf. Y a otro que, también sospechosamente, siempre se ponía de parte de los colombianos de estrato uno y dos en las discusiones en el salón de clases y además decía cosas terribles del ex presidente Gaviria.

Confío en que sabrá apreciar el valor esta información. Yo le cuento, porque pienso que quizá pueda resultarle interesante. Al fin y al cabo, por cosas semejantes ya han sido empapelados tantos colombianos que en paz descansen.

Previendo que la expresión de mi inquietud y mi rechazo conduzca a que se le dé una participación verdaderamente democrática a los egresados o graduados universitarios de toda Colombia --incluyendo a aquellos que han emigrado--, así como a que reconsidere usted el monto de la cifra ofrecida, aprovecho para preguntarle por el número de la línea abierta al público para recibir denuncias y también adónde puedo enviarle los datos de mi cuenta bancaria.





No sé a qué despacho debo dirigirme para obtener esta información, pero para estas alturas me imagino que ya habrá considerado la posibilidad de crear un Ministerio de Recompensas, ya que su gobierno es tan amigo de utilizar de esta astuta manera la plata de los colombianos.

Por favor, doctor presidente, mientras usted se va pensando lo del aumentico, ¿puede ir haciendo que me vayan consignando puntualmente cada mes los 36 euritos?.

Y yo voy tirando cabeza, a ver qué más le cuento.



P. D: No haga usted caso de las denuncias hechas por HRW en relación con la “tolerancia” demostrada por su gobierno hacia las “nuevas bandas criminales”. Todos los colombianos ya sabemos que no son nuevas.

sábado, 30 de enero de 2010

Ajá, ¿y dónde está Bin Laden?

"¡Oh!, y, ahora, ¿quién podrá defendernos?" - fórmula popular empleada por quienes piden ayuda al Chapulín Colorado.



No es lo mismo en cuanto a la gravedad de sus consecuencias pero, tal como en el caso de la invasión y guerra contra Irak –basadas ambas en pruebas fabricadas y documentos mal adulterados, copiados del proyecto de tesis de un estudiante universitario– los servicios de inteligencia estadounidenses han vuelto a meter la pata, garrafalmente.


Su última genialidad fue utilizar la fotografía de Gaspar Llamazares, diputado español por Izquierda Unida (IU), para componer una imagen del aspecto que, según la susodicha inteligencia, tendría en estos momentos el terrorista más buscado del mundo, y luego presentársela al mundo entero como lo último en tecnología de identificación y reconocimiento de criminales.


Pero, oh, sorpresa: una búsqueda en Imágenes de Google y unas capas de Photoshop, éste fue el barato e ingenioso recurso utilizado por el FBI (una de las agencias de seguridad que gozan del mayor presupuesto del mundo para sus investigaciones y operaciones), con el fin de elucubrar la pinta actualizada de Osama Bin Laden.


Al menos esta es la versión que intenta hacer que pase por explicación un condescendiente delegado de la embajada estadounidense en España al admitir la manipulación de su foto y pedirle disculpas al diputado Llamazares.


Si los del FBI se hubieran quedado callados tal vez nadie se hubiera dado cuenta pero, con este oso tan embarazoso, al público le queda ahora claro que, después de todo este tiempo, realmente no tienen la más mínima idea de la apariencia que tiene Osama Bin Laden, y que por algún motivo están dispuestos a mentirnos sobre ello.


Tal vez no nos mienten, y por lo menos sabemos que creen que el hombre más buscado del mundo se parece a Gaspar Llamazares, aunque el dirigente ibérico asegure que él mismo no encuentra ningún parecido entre él y el famoso terrorista internacional.


A la ignorancia y a la improvisación se suma, por si fueran poca cosa, la falta de originalidad.


Porque (y esto ya parece de chiste) la misma foto del diputado, al que los diarios gringos califican como un político “de extrema izquierda” (en realidad, en Europa ya no existe la extrema izquierda como opción política), fue empleada también por el FBI para crear la imagen que supuestamente tiene en la actualidad un ciudadano libio sospechoso de terrorismo.


“No creo que se haya llegado por casualidad a mi imagen en Google, dos veces”, comentó Llamazares, mostrando su lógico disgusto y su preocupación tanto por el hecho de que, efectivamente, no se trate de un incidente fortuito –ya que esto implicaría que detrás de todo existe una intención claramente perversa y “de sectarismo ideológico”– como por la posibilidad de que sea producto de un vulgar error de corta y pega.






No añade nada de seriedad a este asunto el hecho de que, casualmente, la foto de Llamazares haya sido usada desde 2008 en un video colgado en Youtube por un artista mexicano del Photoshop para ilustrar la manera de manipular con este programa la imagen de una persona para dejarla totalmente calva.



Atribuir esto a una casualidad resulta, digamos, ¿descabellado?


Los terroristas del mundo entero tampoco podrán creerlo, semejante tomadura de pelo, ¿cómo es posible tanta incompetencia? Es difícil no imaginar a Bin Laden, si aún vive (y si los videos que vemos de él de vez en cuando no son un montaje o hechos con un doble), riendo a carcajadas en alguna de las cuevas desde las que dirigiría sus peligrosas redes de terror.


Infortunadamente para muchos, muchísimos otros, esto no es un asunto de risa.


Primero, por lo más elemental: ¿en manos de quién está eso que tan eufemísticamente insistimos en llamar “seguridad”?


Segundo, por lo inaudito que resulta el desperdicio de recursos, de tiempo, de dinero y de costosas (aunque por lo visto no tan brillantes) mentes puestas al servicio de una patraña. No hay derecho a que los impuestos se traduzcan en esto. ¿Cuánto cobrará de sueldo este otro genio del Photoshop en el FBI?


Y también, por último, porque de atropellos como el practicado contra Llamazares es víctima a diario el ciudadano anónimo, el común y corriente, ese que no tiene los medios para que las cámaras de la televisión recojan después su protesta.


Al diputado español lo afectaron en su imagen, y eso está mal.


Pero esta incompetencia burocrática tiene el potencial de aplastar y arruinar las vidas de muchos, de triturarlas indiferentemente entre sus fríos engranajes. Y eso es terrorífico.


Y, a todas éstas, ¿dónde diablos está Bin Laden?


Ya son casi 10 años de búsqueda, decenas de aldeas y pueblos arrasados, cientos de cavernas bombardeadas, y nada: el tipo no aparece por ningún lado.


Pero exista o no exista Bin Laden, esté vivo o muerto, su presencia es inamovible del nicho que gracias a los medios le hemos fabricado en el imaginario colectivo, en donde su imagen se encuentra tan profundamente implantada como un mandala que enciende las alarmas de un mundo aterrorizado por los antiterroristas.


Y con despliegues de inteligencia como el que hemos presenciado, ¿habrá oportunidades de capturarlo algún día?


Parece que no. Ni si las pintan calvas.






Punto aparte: la definición de “monstruoso”, según el DRAE, es:


monstruoso, sa.
(Del lat. monstruosus).
1. adj. Contrario al orden de la naturaleza.
2. adj. Excesivamente grande o extraordinario en cualquier línea.
3. adj. Muy feo.
4. adj. Enormemente vituperable o execrable.


Una definición alternativa para la misma palabra: que hasta los idiotas útiles o responsables de poca monta (a los pesados nunca los cogerán) en el asunto de los “falsos positivos” (léase: fríos asesinatos en masa) estén saliendo libres por las trabas que interponen sus abogados para que expiren los términos de los procesos legales, en uno de los casos de infamia más asquerosos de los que se tenga noticia en la historia nacional. ¿Acaso el hecho de que las víctimas de estas atrocidades sean del pueblo raso impide que se invoque la figura de “crímenes de lesa humanidad” para que no prescriban los procesos?


Seguir este blog en El Heraldo.

domingo, 17 de enero de 2010

Con milagros como éste, ¿quién necesita maldiciones?



Imagen: cualquier parecido con los efectos del terremoto es pura coincidencia. Esta imagen es de la tragedia antes de la tragedia.







"La Caridad es injuriosa a menos que ayude al receptor a liberarse de ella" - John D. Rockefeller (1839-1937), industrial estadounidense.

Todavía ayer los noticieros de televisión mostraban imágenes de personas rescatadas de debajo de toneladas de escombros en Haití, después de sobrevivir más de 72 horas sepultadas. Todos hablaban de milagros.


Pero no parece muy lógico ver milagros en nada de esto, al menos en caso de que estemos hablando de milagros divinos, los que, por cierto -- según creo--, son los únicos milagros que existen. Y cualquier participación de Dios en estos hechos sólo puede ser considerada delictiva.


Porque, al contrario de lo que ocurre en el caso de los milagros, lo que hay detrás de cada rescate es trabajo humano, duro y arriesgado.


¿O es que Debemos estar agradecidos por el hecho de que el Señor del Universo permita que un puñado de personas se salven entre las más de 200.000 que murieron cuando aquel señor decidió demostrar lo terrible que resulta el poder de su ira divina precisamente en el país más miserable del hemisferio?


Con milagros como éste, ¿quién necesita maldiciones?


¿Cuántas personas más murieron asfixiadas por la piedra y la oscuridad, esperando la ayuda horriblemente en vano? ¿Cuántas fueron inmediatamente aplastadas?


Los esfuerzos colectivos e individuales de los heroes que se dedican a rescatar a sus prójimos y aliviar a los sobrevivientes de esta tragedia son conmovedores, pero lo que se necesita para ayudar a Haití, una nación ya bastante destruida antes del terremoto, no son milagros ni oraciones sino menos hipocresía.


Entre los países que han enviado equipos de socorro, equipos médicos y materiales de supervivencia se encuentra Estados Unidos, perenne invasor de Haití y aliado descaradamente con los gobiernos que han favorecido los negocios de sus multinacionales a cambio de que El Imperio se haga de la vista gorda ante la corrupción, los abusos y horribles atropellos a los derechos humanos. A este respecto, cualquier parecido con Colombia no es mera casualidad.


Y también se ha hecho presente Francia, país que se las arregló para mantener viva en la práctica una esclavitud que oficialmente ya estaba abolida cuando las tropas galas se marcharon tras la independencia de la isla, exigiendo indemnizaciones económicas que los haitianos tuvieron que pagar durante ochenta años, so pena de un bloqueo militar y económico.


Ahí está también --¿cómo no?-- la ONU, que también ha desplegado en varias ocasiones sus tropas en Haití para reprimir las manifestaciones de descontento popular ante la injusticia social, como cuando disolvieron a bala las marchas que los haitianos organizaron para exigir a la oligarquía industrial que respetara una disposición, ya entonces aprobada en ambas cámaras legislativas, encaminada a incrementar el sueldo mínimo diario de los trabajadores de 2 a 5 dólares.


La colaboración y entrega de los cuerpos de socorro y equipos médicos y humanitarios, así como el trabajo de los ingenieros y de los servicios de suministro de agua potable y de alimentación, son vitales en este momento, pero para pasar sobre la barrera de hipocresía mencionada hay también iniciativas de fondo muy lógicas e interesantes.


Como la de la plataforma española ¿Quién debe a quién?, la cual le exige al gobierno la abolición inmediata de la “deuda” pendiente que por 30 millones de euros tiene Haití con España.


Y éste no es más que el primer paso entre muchísimos pasos que hay que dar, en caso de que en realidad el Primer Mundo quiera compensar a los hermanos haitianos por tantas décadas de oportunidades robadas sin misericordia.



Punto aparte: Hablando de misericordia, una perla soltada por José Munilla, el ultraconservador obispo de San Sebastián, en Euskadi. El religioso le recuerda a sus feligreses que “nuestra pobre situación espiritual” es “quizá un mal mayor” que el terrible drama que atraviesan millones de haitianos en este momento, y les recomienda a los vascos españoles o a los españoles vascos (por contradictorias que parezcan ambas expresiones para algunos) no desperdiciar lágrima sino, más bien, “llorar por nosotros”. Momento perfecto para decirlo, ¡no vayan a parar al extranjero las donaciones para el episcopado! ¿Tendrá televisor el obispo? En todo caso, el televisor sí que tiene obispos. Demasiados. Y algo (todo) me dice que el obispo también tiene televisor. Pantalla plana y más grande que el mío, pero que simplemente no sintonizamos los mismos programas. Y la sintonía es aquí, simplemente, una parte del problema.




Seguir este blog en El Heraldo.

jueves, 7 de enero de 2010

The will to struggle (spiritually talking)


Snow, rain, cold, in sum: a perfect day to just stay home and advance a few steps into that inner voyage we so forgetfully dismiss because we simply can't handle enough accurately well the steps we supposedly have to advance in our daily struggle to keep up with things related to what we so arbitrarily coincide in calling “reality”. Things! Tell anyone about them. Oh, the horrible things. The things which will happen and those which we miss (or mess) can be equally horrifying. Imagine your neighbor- from- next- door winning the Lotto with, say, 1, 19, 22, 27, 39, 46 when you had the 1, 19, 22, 27, 39, 47, for example, and you will be able to exquisitely appreciate the horribleness of that which WON'T happen to YOU. But this materialistic rant simply doesn't contribute to add so much steps into that inner and spiritual voyage I just mentioned a few lines ago. Doing yoga will? Sorry, Will? Will simply isn't home today.

Bien podría ser pero lo más seguro es que quién sabe



“La indiferencia es la fuerza más poderosa del universo. Convierte en insignificante todo lo que toca. Ni el amor ni el odio tienen ninguna oportunidad ante ella” - Joan D. Vinge (1948 - ), escritora de ciencia ficción estadounidense.


-Dicen ahora que nunca había existido tanta “empatía”, “integración” y “coincidencia de objetivos”.
-¿Entre qué o quienes?
-Dizque entre la Alcaldía de Puerto Colombia y la Gobernación del Atlántico.
-¿Y para qué sirven la “empatía”, la “integración” y la “coincidencia de objetivos” entre estos organismos?
-Dizque para reconstruir el Muelle de Puerto Colombia.
-¿Y para qué reconstruirlo?
-Dizque porque es uno de los símbolos patrimoniales e históricos de nuestra región.
-¿Y por qué se partió en dos, entonces?
-Porque nadie hizo nada para impedirlo a pesar de los millones que se gastaron en estudios para presuntamente proteger su estructura. Y todavía algunos despistados aseguran que es el mar el que lo tumba todo.
-¿Y por qué no se hizo nada para impedirlo?
-Porque patrimonio e historia ocupan un escaño despreciablemente ínfimo en la escala de prioridades de nuestros dirigentes, según queda también demostrado por el desguace del tren turístico de Bocas de Ceniza, convertido en chatarra cuatro años después de inaugurarlo con bombos y platillos, dizque porque los cachacos no quisieron gastar plata en reparar fierros.
-¿Y hay que pedirles permiso a los cachacos?
-Sí, y la plata también.
-¿Y por qué la gente de aquí quiere dirigentes así, por qué los eligen ?
-Sabrá Joaco.
-¿Y será que ahora que el muelle está roto, sí van a reconstruir y proteger su estructura?
-Sabrá Joaco.
-¿Quién es ese Joaco?
-Es un personaje al que la gente de por aquí le atribuye la facultad de saberlo todo.
-¿Y sirve de algo que Joaco lo sepa todo?
-No, no sirve en absoluto de nada, porque nadie ha visto jamás al tal Joaco, que tampoco llama nunca ni escribe.

Punto aparte. Esta entrada de blog está dedicada al artista Carlos Andrés Ariza García, a quien su aguda sensibilidad convirtió en víctima mortal de la desidia dirigencial y administrativa, cuando tomó la trágica decisión de ahorcarse en la flor de su vida, 25 años, para evitar la “simple y llana decepción” que le provocaba ver el muelle de Puerto Colombia destruido y olímpicamente abandonado a su suerte. Si nuestros dirigentes sufrieran de los mismos conflictos cívicos que atormentaron a este porteño, ya no nos quedaría ninguno vivo.


Para cerrar: algunas de las acepciones que tiene la palabra VERGÜENZA, según el DRAE:.


-Turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena.


-Encogimiento o cortedad para ejecutar algo


Se descubre poco de la primera y mucho de la segunda.



Seguir este blog en El Heraldo

domingo, 3 de enero de 2010

Los extremos del 2009: una lista personal


“Un optimista se queda despierto hasta medianoche para ver llegar el año nuevo. Un pesimista lo hace para asegurarse de que el viejo se ha marchado” - Bill Vaughn (1915 - 1977), escritor y columnista estadounidense.






Sin ánimo de pontificar, es decir: desde mi humilde punto de vista, yo también he hecho mi lista en esta temporada en la que a la gente le gusta tanto escribir y leer listas sobre el año que dejan atrás. ¿O fue el 2009 el que nos dejó atrás? Lamentablemente, parece que fue así en más de un aspecto, pero no todo ha sido tan malo en este interesante año de crisis. Veamos.


Lo más decepcionante: la Cumbre de la Tierra en Copenhague, que fue puro papel mojado y que dejó claro que nuestros gobernantes están más que dispuestos a seguir serruchando suicidamente por el pegue la rama sobre la que estamos sentados mientras repiten como loros sus cartillas de buenas intenciones.


Lo más emocionante: la exploración espacial, que nos ha permitido confirmar la presencia de agua en la Luna, la de aminoácidos en el cometa Wild, y descubrir condiciones para la formación de la vida en Titán y Enceladus; así como planetas rocosos, semejantes a la Tierra, alrededor de otras estrellas.


Lo más irritante: la terquedad egotista y silenciosamente calculada de Álvaro Uribe para aferrarse al poder.


Lo más alentador: el cultivo de órganos humanos para trasplantes y el perfeccionamiento de extremidades artificiales electromecánicas que parecían cosa de ciencia ficción hace tres décadas, cuando veíamos a Lee Majors interpretando al hombre de los seis millones de dólares (con ese presupuesto no le hubieran podido poner ni un dedo biónico hoy en día), aunque las implicaciones militares anticipadas precisamente por aquella serie de televisión puedan hacer de este avance también “lo más aterrador”.


Lo más insólito: el Premio Nobel de la Paz otorgado a Obama, y su orwelliano discurso al recibirlo, recordándonos que al fin y al cabo la guerra es la paz. Es curioso, eso mismo proclaman Al Quaeda y tantos otros movimientos terroristas nacionales e internacionales.


Lo más risible (sólo si se le sabe descubrir el humor negro): ¿Cuántos miles de millones de pesos dijo Uribe que se iba a gastar en comprar un escudo antimisiles para nuestra frontera con Chávez mientras su gobierno asegura no disponer de dinero para mejorar y repotenciar la universidad pública colombiana, y cuántos se les regala a los campesinos colombianos de estrato seis?


Lo más aberrante: muy relacionadas con el punto anterior, las palabras de Andrés Felipe Parias cuando era ministro de agricultura de Uribe: “a los pobres del campo no se les puede dar tierra, porque se vuelven guerrilleros o paramilitares”, para justificar los miles de millones de pesos y de las tierras más fértiles del país que el gobierno repartió mafiosamente entre sus más ricos adeptos.


Lo más altruista: Shakira, y su Fundación Pies Descalzos. Bravo por Shakira.


Lo más aburrido: la cantaleta guerrerista del paranoico coronel Hugo Chávez, uno de los mejores amigos de los tiburones financieros internacionales: cada vez que él abre su boquita, el precio del crudo sube unos cuantos puntos (gracias a aquello del famoso y conveniente factor de incertidumbre), por no hablar del especial cariño que le deben tener los vendedores de armas, ni de lo que contribuye el compañero presidente con su verborrea a que se pierdan por otros cuatro años las esperanzas de mudanza en la Casa de Nariño.


Lo más ignorado: las víctimas del salvaje secuestro practicado por los mafiosos de las Farc. Después de la entrega de Ingrid, Clara y los “contratistas” gringos, el gobierno parece recordar a los demás miles de secuestrados solamente en sus mensajes de buenas intenciones navideñas. Ui uish iu e merri crismas, ui uish iu e merri crismas, bai bai.


Lo más frívolo: la industria informativa sobre la muerte de Michael Jackson.


Lo más extraño: piénsalo bien: en el que pasó, en el que empezó y en todos los años, lo más extraño es que estemos y sigamos vivos siquiera un día más. Más que extraño, resulta maravilloso. Gracias. Creo que lo más estadísticamente normal sería no existir, pero hay que ver lo poco que nos fijamos en este misterio.


Lo más humillante: la apertura de glúteos impuesta a nuestra soberanía nacional por Uribe al otorgarle absoluta impunidad a los militares gringos que utilizarán las bases colombianas sin tener que responder ante nuestra justicia por las infracciones, delitos o crímenes que pudiera cometer la soldadesca extranjera en nuestro territorio, demostrándonos a todos los colombianos que somos ciudadanos de segunda en ese territorio.


Lo más triste: mientras leías esta entrada de blog, aproximadamente cien niños han muerto de hambre en el planeta Tierra; mientras los gobiernos destinan a la compra de armamento un presupuesto del que, con una décima parte, podría detenerse en muy poco tiempo este asesinato continuado.


Y para este año que comenzó, una predicción de aficionado (de las predicciones, no del fútbol): Junior llega a la final.


¡Feliz 2010!






Seguir este blog en El Heraldo

lunes, 21 de diciembre de 2009

Sorpresas nostálgicas en la basura madrileña


"Nunca hubiéramos podido amar a la Tierra tanto si no hubiéramos tenido una infancia en ella” - George Elliot (1819 – 1880), novelista británico victoriano.





Soy un nostálgico.



Hace unos meses encontré junto a un contenedor de basura del barrio una pila de cassettes originales con música de algunos de mis artistas de rock favoritos, en sus cajetillas plásticas intactas y con sus respectivas etiquetas de sellos musicales.



Rolling Stones, Santana, Led Zeppelin, Pink Floyd, Queen, Jimi Hendrix, entre otros, las posesiones musicales de un dinosaurio coleccionista.



También había algo de los ochenta. Twisted Sisters, Motley Crue, Poison, Cinderella, pero convencido como estoy de que la mayor parte de lo que produjo aquella década musicalmente hablando y en materia de modas fue un desastre y merece el más absoluto desprecio hoy en día, me concentré en las primeras.



Un verdadero tesoro, me dije, apreciando el hecho de que su antiguo dueño, el miserable traidor que los había dejado huérfanos, al menos no había tenido el coraje necesario para tirar aquellas inesperadas joyas directamente entre los desechos sino que las había dejado cuidadosamente apiladas junto al contenedor (pude imaginarme en este punto una desgarradora despedida), tal vez con la ilusión de que algún prójimo apreciara su buen gusto musical y adoptara las cintas magnetofónicas.



Eso hice. Se veían tan desvalidas, y tan espaciosa mi mochila tayrona. La idea era escucharlas en una vetusta radio- grabadora y reproductora de cintas que mi esposa conserva desde hace más de una década para seguir las noticias mañaneras a la hora de la ducha, aunque no estaba seguro de que la casetera aún funcionara.



Funcionaba. Pero tras poner Stairway to heaven y después de otros quince minutos de presionar pacientemente el fast forward y el rewind con la intención de ubicar y escuchar mis temas preferidos, caí en cuenta de lo inútil de conservar aquel formato de audio que se impuso en todo el mundo durante cuatro gloriosas décadas, por muy romántico que me hubiera parecido el hallazgo unos minutos antes.



Tengo toda esa música, y muchísima más, en un reproductor de mp3 más pequeño que un cassette. Y también en el computador, a un clic de distancia, motivo por el cual ya casi no toco mi colección de discos compactos, objetos que ocupan buena parte de las estanterías de la buhardilla y que seguramente también se aproximan cada vez más al ocaso de su gloria y al contenedor de basura.



También he instalado Spotify, programa que me permite disfrutar de casi toda la música que necesito, sin descargarla y con una facilidad casi diabólica.



¿Iba a regresar entonces a la incomodidad de las cintas que hay que retroceder y atrasar, que se enredan, a cambio de los cómodos clics? Ni loco. Ya lo dijo irónicamente el músico rapero Griff Niblack: “si estás añorando los buenos, viejos tiempos, simplemente apaga el aire acondicionado”.



Mientras llevaba los cassettes de vuelta precisamente a este triste e inevitable destino final, a la basura, , no podía dejar de pensar en que las nuevas generaciones ya nunca sabrán nada del gozo que se experimentaba cuando, tras días o semanas de mucha paciencia escuchando emisoras radiales, se conseguía por fin grabar un buen cassette, en el que todas las canciones por lo menos quedarán completas.



Ni de la rabia impotente que se sentía cuando el locutor o presentador arruinaba la canción que habías estado esperando obtener quizá durante meses, al meter la cucharada sobre ella o haciendo promoción de la emisora para dejarte tu grabación marcada.



En aquellos días, las muy respetadas madres de Marco Aurelio Álvarez, Henry Jiménez, Jimmy Villarreal y otros veteranos presentadores de programas radiales de musica eran quizá más recordadas que las de los árbitros deportivos.



Y algunos despistados aseguraron entonces (tal como otros paranoicos hacen ahora) que aquella facilidad para grabar y reproducir canciones iba a representar el fin de la industria musical. La industria fonográfica inglesa llegó a acuñar en los ochenta un lema oficial que hoy en día se estampa humorísticamente en las camisetas: “Home taping is killing music” (“La grabación doméstica está asesinando a la música”).



Y, también de aquellos días, el salto tecnológico más revolucionario que recuerdo fue cuando finalmente, gracias al genial Walkman, el homo sapiens adquirió la capacidad de escuchar privadamente música portátil con un sonido de calidad, sin sospechar el vertiginoso camino que la evolución le depararía en unas pocas décadas.



¿Que tal hacer una nueva división de la historia, una en la que las siglas A. C. y D. C. ya no signifiquen Antes de Cristo ni Después de Cristo, sino Antes del Clic y Después del Clic; o en la que a la prehistoria y a la historia --separadas entre ellas por la aparición de la escritura--, se les agregué un tercer piso: la post- historia, la neo- historia o la clic- historia, ubicando su inicio en ese ligero pero poderoso gesto del índice derecho sobre un ratón?



Porque hay que ver cómo nos va a terminar marcando esto de tener tantos recursos al alcance de un mínimo esfuerzo doblemente digital.



Sí, ya sé que el ratón, al igual que tantos otros artilugios de la post- postmodernidad, ya no será necesario con las nuevas tecnologías, pero es precisamente lo efímero de su existencia y del delicado sonido del clic lo que debe caracterizar a esta época, que también es la época de la obsolescencia programada.



Yo imité, pues, frente al contenedor de basura, los gestos fúnebres que seguramente hizo también el antiguo propietario de las cintas, dejándolas desamparadas sobre el andén madrileño, pero cuidadosamente apiladas y observando no sin cierta sorpresa que las de los ochenta habían desaparecido.



Y tras unos pasos en dirección hacia las tecnológicas ventajas musicales de mi hogar, eché un último vistazo hacia atrás, hacia un pasado irremediablemente perdido, sintiendo que le cerraba definitivamente la puerta a un pedazo de mi vida..



Un transeúnte, algo mayor que yo, se había detenido y agachado muy arqueológicamente, tal como había hecho yo antes, para estudiar la inopinada y prehistórica oferta musical callejera.



Lo vi guardarse un par de cassettes en el bolsillo de su abrigo antes de seguir su camino. Otro nostálgico.



Está visto, pensé mientras me alejaba, a veces resulta muy difícil desprenderse del pasado.



Stop.

lunes, 14 de diciembre de 2009

"Un paso histórico" (hacia atrás) en un país berlusconizado


“Los cementerios están repletos de cadáveres de personas que pensaron que el mundo no podría seguir adelante sin ellas” - (Anónimo)



El Ministro de Interior sale a decir que el gobierno de Uribe ha dado
“un paso histórico” en la GGUUEERRAA CCOONNTTRRAA (algunas de) LLAASS DDRROOGGAASS al ilegalizar la dosis mínima de marihuana.

No. El ministro no hizo su declaración en la sección de cuenta chistes de Sábados Felices. El hombre hablaba en serio.
O fingía hacerlo. Porque cuando un funcionario público miente de manera tan descarada se pueden considerar dos posibilidades, entre otras: 1) que el funcionario es un cretino y de verdad se cree su propia mentira o 2) que no se la cree pero sí cree que el verdadero cretino es el electorado.
Creencia esta última que, analizada a la luz de la actualidad nacional y desde el punto de vista del mentiroso, parece la más factible, toda vez que el mencionado electorado está absolutamente berlusconizado, como el de Italia, dispuesto a tragarse o a perdonar ésta y mil mentiras más.
Berlusconizado. Esto quiere decir, en el caso del país del Sagrado Culebrón, dispuesto a hacerse de la vista gorda ante la corrupción rampante, el crecimiento de la pobreza, el ataque a las libertades democráticas, a la mutilación y manipulación de la Constitución, al empleo de los organismos de seguridad como extensión de las mafias, a que el dinero de los impuestos del pueblo se dedique a financiar “el garrote con el que será golpeado” --o sea regalado a manos llenas a cuentas bancarias como la del muy bancario Luis Carlos Sarmiento--, a las innumerables evidencias de concubinato con el paramilitarismo que le aparecen en este país de desapariciones al gobierno uribista por donde sea que uno meta esa protuberancia del rostro que nace entre los ojos y se extiende hasta terminar metiéndose en los asuntos ajenos, vulgarmente conocida en castellano como “nariz”.
Órgano olfatorio cada vez menos desarrollado en el pueblo colombiano, por cierto, totalmente anestesiado y últimamente insensible en especial ante el hedor.
Y, para no desviarnos de lo nasal, entendamos que en realidad no es cierto que toda Italia se halle absolutamente berlusconizada.
Al menos no lo está Massimo Tartaglia, cittadino itálico que con notable puntería apuntó ayer a la nariz de Berlusconi y consiguió hacerle probar el contundente poder de la iglesia al primer ministro, partiéndole la cara, “¡marica!”, al neo- Duce multimillonario con una miniatura metálica de Il Duomo, la catedral gótica de Milán.
También llamó “payaso” y además le exigió al mandatario: “¡renuncia!”, al mismo tiempo que le lanzaba el proyectil (“cosa que se proyecta”), viéndose compensada en este caso la suavidad del insulto por lo impactante del gesto.
Massimo (quien entre anoche y esta mañana ha conseguido 44 mil nuevos amigos en Facebook) le ha pemitido comprobar, de paso, a una Italia perpleja que bajo la piel del gobernante también corre sangre, como suele suceder en el caso de los vulgares mortales.
¿Lecciones? Desde luego.
Después de ver en la televisión y en los diarios las cortaduras en la mejilla izquierda del maltrecho Silvio, nariz fracturada (según el parte médico), dos dientes rotos, labios partidos y un moretón que le cubre buena parte de su cara, queda muy en claro lo peligroso que resulta el estilo arquitectónico gótico del medioevo --con sus múltiples aristas puntiagudas y sus gloriosas ojivas angulares-- cuando se le da un uso de carácter netamente ofensivo. Estilos más modernos hubieran resultado seguramente menos lesivos.
A todas éstas, Berlusconi, autoproclamado devoto de la Virgen, afirma que durante el incidente se ha producido un prodigio de la fe, ¡un miracolo!
Sostiene el buen Silvio que una oportuna intervención de la mismísima Madonna ha desviado la trayectoria de la iglesia arrojada contra él (por confusa que suene esta aseveración debido a su aparente tinte teológico), impidiendo que hiciera blanco en su ojo izquierdo.
Y uno, claro, se pregunta entonces, ¿qué le hubiera costado a la Virgen María desviar la trayectoria lo suficiente como para evitarle a Berlusconi semejante chancletazo?
¿No habrá sido más bien Nuestra Señora la encargada de guiar el brazo del agresor y de velar por su buena puntería?
En tal caso, otra lección: rezarle a la Virgen y hacer peregrinaciones de camandulero a sus santuarios no garantiza que hayas conseguido incorporarla a tu servicio de protección personal.



Nota: El autor del blog de ninguna manera pretende hacer apología de la violencia, convencido como está de que por lo general ésta sólo genera más violencia y no tiene valor pedagógico alguno, como no sea el aprendizaje necesario para evitarla o sobrevivir a la misma, en un sentido estrictamente defensivo.







Seguir este blog en El Heraldo

lunes, 7 de diciembre de 2009

Jesucristo, a examen en las aulas españolas


“La religion (…) se ocupa de juzgar el pensamiento humano y sus acciones; no está calificada para pronunciarse sobre hechos reales ni la relación entre estos” - Albert Einstein (1879 - 1955), científico, pensador, escritor y ensayista alemán.




Lo que algunos creen impensable se piensa más de lo que algunos creen. Por ejemplo, expulsar al Mártir del Calvario de los colegios de España, un país en donde el sistema educativo sigue muy apoyado en el conservador aparato eclesiástico católico, y en donde la representación de este aparato se cobija bajo el extremo de la autoritaria sombra que proyecta el único ala del Vaticano, el de la derecha.

La iniciativa legal para el desmonte de todos los símbolos confesionales cristianos de las escuelas, cosa de que los musulmanes no sientan que se discrimina la Media Luna, los judíos que se desprecia el Menorah, los budistas que se menospecia la imagen de Buda y los ateos que se irrespeta la libertad de tener una educación libre de acentos religiosos, ha partido de Esguerra Republicana de Catalunya (ERC), la izquierda catalana, como no podía ser de otro flanco político.

La relativa vecindad ideológica de este movimiento político con el actual partido gobernante, el socialista PSOE, ha hecho que la iniciativa cobre cierto impulso, apoyada además por una directriz del Parlamento Europeo, aunque parece que se va a quedar en eso: en puro impulso.

Es decir, en buenas intenciones, aunque algunos no las vean tan buenas.

Por ejemplo, el PP, Partido Popular, representante de la ideología diestra en España, cuyos líderes han puesto de inmediato el grito donde mejor lo saben poner, en el cielo.

Ese mismo cielo que la iglesia católica ha vuelto a usar como arma de terror recientemente, cuando al obispado ibérico se le ocurrió la peregrina idea de anunciar, hace unas semanas, la excomunión automática para todo aquel que se pronunciara en este país a favor del derecho al aborto, y no digamos ya para las mujeres que recurren a esta -ya de por sí sola-bastante difícil solución.

Es precisamente este tipo de actitudes lo que se pretende combatir mediante la implantación de una educación estrictamente laica, erradicando del profesorado tendencias que pretenden perpetuar el terror oscurantista, confundiendo la enseñanza con la prédica y revolviendo las más sangrientas y fervorosas pasiones del ser humano, las inspiradas por eso que llamamos fe.

Pero, como se dijo antes, no parece que la iniciativa vaya a prosperar.

A estas alturas, ni siquiera ha sido posible ejecutar plenamente el cumplimiento de la Ley de Memora Histórica, que ordena el retiro y desmontaje de los símbolos, estatuas y otros monumentos que glorifican a la tiranía franquista y que tanto ofenden a la memoria de los que cargaron con el peso de la derrota republicana durante y después de la Guerra Civil. A diez cuadras de mi casa todavía se lee, grabada en la piedra de la fachada de la sede del Ejército del Aire, en la Calle de la Princesa: "Francisco Franco, Caudillo de España", en letras descomunales.

Pero por lo menos hay un diálogo. Un diálogo del cual en Colombia, al paso que vamos -con un procurador de la nación, Alejandro Ordóñez Maldonado, adscrito al Opus Dei y opuesto por motivos religiosos al derecho al aborto, así como al divorcio, al matrimonio gay y a la marihuana-, nos encontramos todavía a unos cuantos años luz.

Ese diálogo es un avance, y eso se nota no sólo en el sentido de los comentarios sino en la madurez con que abordan el debate sobre este tema los cibernautas que han visitado la columna de opinión Versión Libre, escrita por Marco Schwartz, el influyente periodista barranquillero y jefe de opinión del igualmente influyente diario madrileño Público.




Punto aparte: Ante el anuncio de que Nicolás Castro podría recibir hasta seis años de cárcel por una travesura atribuible a su inmadurez juvenil, es decir: crear un grupo de Facebook donde se comprometía a matar a Jerónimo Uribe, hijo del presidente, hay que preguntarse, ¿qué haría el gobierno en caso de que el objeto de las amenazas fuera otra persona? Digamos, por poner un ejemplo, Piedad Córdoba… Pero ya sabemos la respuesta: nada.


miércoles, 2 de diciembre de 2009

La voz silenciada de los lectores


"La gente parece no darse cuenta de que su opinión del mundo es una confesión de su propio carácter" - Ralph Waldo Emerson (1803 - 1882), poeta, conferencista y ensayista estadounidense.



Creo que ya pasó un año desde que los lectores de El Heraldo
perdieran la oportunidad de hacer comentarios a la información que se publica en la página web del principal diario de la Costa Caribe.

Comprendo bien las razones por las que los directivos de este medio tomaron la difícil decisión de cercenar provisionalmente las cuerdas vocales digitales de sus seguidores.

La chabacanería y el mal gusto de algunos participantes se convirtieron en un dolor de cabeza cuando comenzaron a hacer más difícil la labor de los periodistas, cuando estos comenzaron a notar la resistencia de algunas personas comprensiblemente reacias a dejase entrevistar o figurar en el periódico, a sabiendas de que la publicación de la entrevista o de la nota periodística, hasta las inocentes notas de sociales, daría pie a toda suerte de improperios, injurias e insultos gratuitos en internet.

Renunciar al feedback o retroalimentación que ofrece la voz del lector en la era digital no es un pecado, pero sí representa la pérdida --tanto para periodistas como para lectores-- de uno de los valores agregados más atractivos que la tecnología le ha aportado a la labor informativa.

En el caso de los blogs de este diario, aquella medida también trajo una inmediata reducción en el número de comentarios que antes recibía cada una de las entradas, como si muchos lectores no se hubieran dado cuenta de que el espacio que tienen para opinar en esta sección nunca fue suprimido.

Ignoro si también habrá afectado a las cifras de visitas al portal web de El Heraldo, pero sería comprensible un desplazamiento de los visitantes, atraídos hacia medios que les ofrezcan una mayor interactividad, la posibilidad de hablar, de opinar.

De
participar, en una palabra.

Yo participo, tú participas, ella o él participan…, todos participamos. Eso es lo lindo, lo atractivo y lo adictivo que tiene internet, el explosivo universo del 2.0.

Y, también, lo terrible.



Punto aparte: Dos noticias inquietantes, cuando se ponen juntas. A) Los japoneses ya fabricaron un robot que baila break- dance y puede hasta girar como un trompo sobre su cabeza. B) Científicos europeos consiguieron implantar un brazo electromecánico a un paciente, conectándoselo al cerebro, y él es capaz de moverlo a su antojo gracias al impulso de sus ondas cerebrales. CONCLUSIÓN: Terminator y Robocop ya no son ciencia ficción.



miércoles, 25 de noviembre de 2009

Toxicidad



Al viajar dentro de mí mismo, por los espacios siderales que se extienden entre el tejido subatómico de mi organismo, debo reducir infinitillonésimalmente mi escala del tiempo, ya que cada segundo de mi dimensión normal equivale a billones de eones en ese mundo submicroscópico. Puedo pasar miles, cientos de miles de años explorando las infrarregiones de mí mismo y mientras tanto, en mi propia dimensión, sólo habrá pasado una fracción de segundo. De esta manera, he descubierto en mis huesos un universo de lentos mundos blancos y de astros muy dispersos en mi cerebro; abundan los planetas de atmósferas corrosivas en mi sistema digestivo, cometas de fuego surcan mi sangre, y mis anticuerpos son como gigantescos agujeros negros que devoran galaxias. Ninguno de estos mundos está habitado ni es habitable. Soy un sistema tóxico.


lunes, 23 de noviembre de 2009

El mundo se va a acabar: adiós al tercer periodo de Uribe


"Lo que la oruga llama fin del mundo, el sabio lo llama mariposa" - Richard Bach (1936- ), escritor estadounidense, autor de Juan Salvador Gaviota.





El fin del mundo es una industria rentable.


Los sacerdotes de numerosísimas religiones la han explotado durante milenios, desde los mayas hasta los incas, desde los cristianos hasta los musulmanes, como una de las principales excusas para gobernar a sus fieles mediante el temor y el terror.


El hecho de que nuestro mesianismo, esa esperanzada fe en el advenimiento de un mesías justiciero y redentor que descienda algún día en su trono de nubes y rayos a decretar vacaciones gratuitas y permanentes para la humanidad, esté tan inevitablemente ligado a nuestro evidente gusto por lo catastrófico, por lo apocalíptico, es un reflejo inevitable de la naturaleza humana.


Esa misma naturaleza que le imprimimos o contagiamos hasta (o sobre todo) a los dioses que hemos creado en nuestra imaginación.


Ese ingenuo mesianismo guarda una estrecha semejanza con un postulado orwelliano que tanta carrera ha hecho en la política internacional -- y especialmente en la nacional--, según el cual sólo mediante la guerra es posible la paz.


Porque los creyentes en un milagroso atajo hacia la felicidad absoluta también suelen predicar o creer a quien predica que, antes de conceder estas ansiadas y merecidas vacaciones eternas a los justos, el mesías destruirá o condenará a un fuego igual de eterno a los injustos, a los pecadores; que somos la gran mayoría de los mortales, por definición.


Una auténtica carnicería. Es como si la política de la Seguridad Democrática fuera aplicada al tajante estilo de la divinidad. Miles de millones de falsos positivos, y todos en un sola jornada, la del Juicio Final.


¿Puede haber un síntoma más patente de inmadurez moral y espiritual?


Albert Einstein, una de las mentes más privilegiadas que haya pasado por este planeta, comentó: "el comportamiento ético de una persona debe estar efectivamente basado en la empatía, la educación y los vínculos sociales; ningún fundamento religioso es necesario. El hombre estará, de hecho, en una pobre situación si debe ser reprimido por el miedo al castigo y la esperanza de una recompensa después de la muerte".


Hollywood y la industria editorial también sacan su tajada del ponqué apocalíptico. Especialmente ahora, aprovechando ese intento de hacernos creer que, más allá del 2012, nanay cucas. Kaputt. Finito. The End.


Ya van más de 200 libros publicados hasta la fecha sobre el tema, por no hablar de programas televisivos ni de otros medios de esparcir la desinformación.


Las profecías del calendario maya, las de San Malaquías, las de Nostradamus, las de Edgar Cayce, las de la Gran Pirámide, las de los indios hopis, las védicas y hasta las de la madre que los parió sirven ahora como argumento para apoyar las tesis de los portavoces de la destrucción total.


También las de que aquellos que insisten en que, si no total, al menos sí habrá una catástrofe lo bastante fuerte como para que tengamos que volver gateando a las cavernas o -- según los más optimistas entre los pesimistas- como para que nos veamos obligados a fundar un nuevo mundo asombrosamente parecido a una comuna hippie global, llena de paz, amor acuariano, huertas caseras, bacanería y buena voluntad, tal como el planeta soñado por John Lennon cuando le recomendaba a sus prójimos "to imagen all the people living life in peace".


Sumémosle a todo esto las amenazas reales, o sea, el calentamiento global y la destrucción del medio ambiente, la proliferación de los arsenales atómicos, la mutación de los virus tradicionales y la perversa invención de virus nunca antes imaginados…, es decir, todos los ingredientes de ese hara- kiri colectivo, ecológico y ambiental que practicamos con el ímpetu de nuestra innata turbulencia, y el negocio resultará todavía más --nunca mejor dicho-- prometedor.


Por si fuera poco, no hay que olvidar tampoco la repetitiva advertencia de los astrofísicos en el sentido de que el Universo es como un gran juego cósmico de canicas, y de que en cualquier momento un asteroide errante bien puede surgir de las profundidades del espacio sideral para chocar contra el nuestro. Y adiós luz, que te guarde el cielo.


Pero, en medio de toda esta paranoia, toca verle el lado bueno a las cosas. O, los lados.


El primero es que, aceptémoslo (y lo sabe cualquiera que haya visto Jurassic Park), hubiera sido muy incómodo compartir este planeta con el Tiranosaurio Rex.


En segundo lugar, si el mundo se acaba de nuevo en el 2012, Uribe se quedaría con los crespos hechos y veríamos nada o muy poco de su tercer periodo en la Oficina de Nari.


Está visto, no hay mal que por bien no venga.





Punto aparte: una compañía de seguros canadiense le ha retirado su pensión por baja laboral a una mujer diagnosticada con una "depresión severa" porque, según abogados, la mujer en realidad es feliz. ¿La prueba? Aparece sonriendo en unas fotos que ella publicó en su página de Facebook. Mucho ojo. El Gran Hermano nos vigila.